El síntoma típico: paras un taxi de calle, dices el destino en inglés y el conductor te despide con la mano, cierra las puertas o arranca sin ti mientras aún estás explicándote.
La causa es económica y logística: muchos conductores descartan trayectos cortos que no compensan la cola, destinos en zonas con restricciones de tráfico o clientes extranjeros con los que no pueden comunicar la ruta. En las horas de cambio de turno, solo aceptan viajes que les queden de camino a casa.
La solución práctica: pide el trayecto con DiDi, donde el destino queda fijado en la app, la tarifa se acuerda de antemano y los rechazos son mucho menos frecuentes. Si prefieres el taxi tradicional, muestra la dirección escrita en caracteres chinos, o acércate al conserje de un hotel cercano para que te pare un conductor dispuesto.

